Martes 2º semana de pascua (Jn 3,5-15)

¿Cómo puede suceder eso? Contestó Jesús: Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? De lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis mi testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida definitiva.

Sin experiencia interior es imposible entenderlo

Como en otras ocasiones, Jn estructura el relato con constantes incomprensiones por parte de Nicodemo. De este modo tenía la posibilidad de aclaraciones en los temas que le interesan y son difíciles de comprender.

Los letrados eran expertos en la Ley, pero solo hablaban de lo que habían aprendido. No podían entender lo que Jesús les decía porque estaba fuera de su óptica.

Jesús habla de lo que ha vivido dentro de él. Después de haber hecho suya la misma Vida de Dios, es capaz de hablar de ella como de una realidad que había visto.

Jesús se desenvuelve en el ámbito de lo divino (el cielo), por eso puede hablar de esa realidad. Ellos siguen en lo terreno y están incapacitados para entender otra cosa.

Mirar a la serpiente de bronce había curado a los israelitas en el desierto. Ahora hay que mirar a Jesús en la cruz para poder acceder a la verdadera salvación.

A los israelitas la serpiente les proporcionaba salud biológica. En cambio Jesús (el hijo de hombre) comunica la misma Vida de Dios, es decir, la definitiva. Esto lo hace desde su humanidad, que no tiene que abandonar.

 

Fray Marcos