Lunes de la 8ª semana (Mc 10,17-27)

Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar vida eterna? ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no mentirás, no estafarás, honra a tu padre y madre. Todo eso lo he cumplido desde pequeño. Una cosa te falta: vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres y luego sígueme. Él frunció el ceño y se marchó pesaroso porque era muy rico. ¡Qué difícil les es entrar en el Reino a los que ponen su confianza en el dinero.

Parece ser que esa exigencia no era propia de Jesús

Estamos ante una práctica de la comunidad muy al principio de su andadura. Los Hechos relatan la venta de los bienes como hecho digno de la más alta consideración.

El espíritu del todo el relato expresa la manera de pensar de Jesús y su práctica efectiva. Los últimos años de su vida los vivió libre de toda atadura de posesión alguna.

El joven busca solo una manera de asegurarse la vida del más allá en la que muchos judíos creían. Jesús le contesta desde otra dinámica muy distinta. No se trata de asegurar un más allá sino de alcanzar plenitud de Vida aquí y ahora.

Es curioso que Jesús omita los mandamientos de la primera tabla, aquellos que se refieren a Dios. Esto era inaceptable para un rabino porque Dios estaba por encima de todo. Pero coincide con su pensamiento y su práctica.

La única manera de hacer presente el Reino es hacer un mundo más habitable donde todo el mundo pueda desarrollar su verdadero ser hasta la plenitud humana.

Dada la consideración del AT hacia las riquezas como una bendición de Dios, no es extraño que los discípulos se sintieran extrañados de las palabras de Jesús.

 

Fray Marcos