Jueves de la 15ª semana (Mt 11,28-30)

En aquel tiempo, exclamó Jesús: venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

No es la Ley la que acerca a Dios, sino Jesús

Lo que cansa y agobia es el trabajo que no produce fruto alguno. Este era el caso de un cumplimiento de la Ley completamente literal y externo que no llevaba consigo el hacer suyo el espíritu. Esa Ley no podía liberar.

Los seguidores de una religión leguleya, que no tiene consideración alguna con el hombre, se sienten completamente desvalidos y abandonados.

Jesús arremete contra esa manera de entender las relaciones con Dios que, en vez de aliviar, producen zozobra y alejamiento de la verdadera liberación.

En Jesús pueden encontrar un auténtico descanso y una paz duradera, porque nos lleva directamente al corazón de Dios. El Dios de Jesús no causa miedo sino paz.

Los rabinos hablaban de la Ley como yugo impuesto por Dios, una pesada carga que nadie podía quitarse de encima. No había más remedio que soportarlo por muy duro que pudiera parecer. No había alternativa alguna.

Jesús habla de su yugo, que no tiene nada que ver con el de la Ley. Se trata de un yugo que consiste en el amor. Primero el incondicional de Dios a los hombres. Y como respuesta a ese amor, el nuestro a los demás.

Esta nueva oferta desbarata la idea de un Dios justiciero y vengativo que hacía imposible toda tranquilidad de espíritu. Todos los rituales de penitencia y sacrificios no eran suficientes para devolver la confianza perdida.

 

 

Fray Marcos