Jueves de la 22ª semana (Lc 5,1-11)

Subió a una barca, la de Simón. Desde ella enseñaba a la gente. Cuando acabó, dijo a Simón: rema mar adentro, y echad las redes. Puestos a la obra, hicieron una redada tan grande que reventaba la red. Llamaron a los de la otra barca y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Simón Pedro se arrojó a sus pies diciendo: apártate de mí, que soy un pecador. Desde ahora serás pescador de hombres. Y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pescar hombres, más interesante que pescar peces

Una vez más, el evangelista no ve la necesidad de decirnos qué enseñaba Jesús. Los primeros cristianos tenían muy claro en qué consistía la buena nueva.

La abundante pesca sirve para que Pedro y sus socios se den cuenta de lo que significa Jesús. Al sentir la presencia de lo divino, aumenta la conciencia de indignidad. Ante la absoluta santidad, sienten su pecado.

Pedro no siente ningún impulso de seguir a Jesús. Todo lo contrario, se siente a disgusto con su cercanía. No le pide que le lleve consigo sino que se aparte de él.

Con su oferta de seguimiento, Jesús revierte la situación de Pedro. No importa lo que haya sido hasta ese momento, lo que importa es lo que va a ser en adelante.

‘Pescar hombres’ era una expresión idiomática que significaba liberar a un ser humano de una situación de riesgo de la que no podría escapar por sí mismo. El mar era el lugar de los mayores peligros. Sacar a uno del mar era arrancarle de esa situación de peligro extremo.

Aunque no sea literalmente exacto lo que nos narra, es sin duda una manifestación de que la figura de Jesús tenía un atractivo irresistible. En todos los relatos de seguimiento se puede percibir ese halo de atracción.

 

Fray Marcos