Como el aire, sois necesarios.
Como el fuego, sustentáis los hogares.
Como la tierra, os mostráis maleables.
Como el agua de un río, así de sonoros y bulliciosos.
Como las flores, tenéis mil colores y perfumes.
Como la luz, aclaráis el camino.
Como el viento nos acercáis al evangelio.
Como el campo sois lugar de cultivo.
Como la sal, sazonáis el mundo.
Como el grano de trigo...
sois y no sois todavía lo esperado.
Que el Señor, que se hizo pequeño como vosotros,
os bendiga con su corazón, palabra y mano,
para que lleguéis a ser todo lo esperado
sin dejar de ser aire, fuego, tierra, agua,
flores, luz, viento, campo, sal y grano...,
personas humanas siempre, pequeñas o grandes,
para los que os amamos.
En el nombre del Padre,
del Hijo
y del Espíritu Santo.
Florentino Ulibarri