salomenecega

Muy despacio, en penumbra, con innata esperanza... para reventar entera, con la alegría serena de saberse por fin plena.

 

"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda  solo; pero si muere, da mucho fruto"
(Jn 12, 24)


Duerme en un estado ausente.

Algo despierta por dentro,

algo la inquieta y remueve

buscando luz y alimento.

 

Sin prisa, tomando fuerzas,

va rasgando su armadura

con un grito de dolor

ahogado en quietud oscura.

 

Pero sigue, muy despacio,

lentamente y en penumbra,

con una esperanza innata

que alguien regaló a su duda:

 

que la noche solo existe

para que la luz la invada,

que la sed solo se calma

si se rompe la coraza,

 

para que puedan ser libres

las raíces que le anclan

a la tierra oscura y fría

que la tiene, así, atrapada.

 

Que la tiniebla hace falta

para madurar el alma

que la tierra con el agua,

se convertirá en su casa.

 

Como si supiera ser,

aprende a querer la espera,

hace alianza con la tierra

el silencio y la ceguera.

 

Con paciencia de semilla,

se deja ablandar por fuera

para reventar entera

y lejos de morir, alzarse...

 

crecida, tímida, bella,

acariciando aire y cielo,

bebiéndose el sol y los vientos,

bailando el agua que llega.

 

Y va capeando aguaceros,

con la alegría serena

de saberse por fin plena,

pese a todo sufrimiento

 

Arropada por el sol

que de colores la llena,

hunde su raíz en tierra

y se despliega ligera

 

Mira hacia atrás y comprende

que el camino también cuenta..

que no será más semilla,

que ahora sabe que ya es ella.

 

Letra: Salomé Arricibita

Voz y música: Teresa Nécega



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